lunes, 28 de septiembre de 2009

El Palacio Episcopal recupera uso y espacios tras la obra de reforma

Lunes, 28-09-09
Las obras de reforma y mejora del Palacio Episcopal de Córdoba han pasado su ecuador y ya muestran los frutos de la primera fase, tanto en la estética, en la arquitectura y en la distribución del histórico edificio como en los propios usos.
El Obispado ha invertido una cifra que ronda los 1,8 millones de euros en estos trabajos, que forman parte de un amplio plan para devolver al edificio de la calle Torrijos su condición primitiva de Palacio Episcopal, después de unas décadas en las que se ha utilizado como Museo Diocesano.
Algunas de las mejoras más visibles están en la planta baja, donde se ha abierto un nuevo patio en una zona antes inaccesible. Este espacio hace posible contemplar la espadaña de la capilla del Pilar, que forma parte del Palacio Episcopal. El arquitecto Francisco Jurado, que ha dirigido todas las obras, ha ideado una estética muy original para el patio, tanto en la solería como en la fuente que lo ornamenta y en las soluciones para recubrir la escalera de caracol que da acceso a una de las terrazas.
A través de ese patio se accede a una zona antes tapada por estructuras metálicas cuyo origen no está claro. La directora del Museo Diocesano, María José Muñoz, explicó que hay quien piensa que pudo ser una cocina medieval o hasta una mezquita vinculada al alcázar califal, aunque se inclina por pensar que se utilizó como pósito, algo que encajaría con sus altos techos. También en esta zona posterior hay un espacio para una escuela taller y se han integrado algunos muros de la época islámica que tuvieron que corresponder al alcázar califal.
La capilla del obispo
La primera planta se volverá a destinar a la zona noble y se dará a muchos espacios el uso que originalmente tuvieron, empezando por el despacho del obispo. En el resto de habitaciones estarán las dependencias de la Curia y de las vicarías de la diócesis. Las obras han supuesto retirar de esta planta la capilla privada del obispo, un elemento que discurría en paralelo al despacho del prelado y que suponía un corte en la galería cuyas ventanas dan al patio.
Todos sus elementos se han conservado para instalarlos ahora en otro punto, porque la intención de los responsables de la obra era eliminar una zona que suponía una interrupción del tránsito por esta zona.
También se han restaurado los artísticos marcos de las puertas, todos de la época barroca, y algunos de los elementos del artístico mobiliario ornamental han cambiado de sitio.
En la planta tercera, antigua sede del Museo Diocesano, están las dependencias administrativas y las oficinas. En su zona trasera se encuentra otra de las singularidades del edificio, la nueva escalera trazada por el arquitecto, y que tiene forma casi flotante. Para el acceso a otra de las terrazas el arquitecto ha creado una puerta a base de pequeños cristales azules que también sorprende por su estética, pero que, como todo el conjunto, ha recibido el visto bueno de la Comisión de Cultura como corresponde a un edificio protegido.
Los trabajos en la última planta han permitido ganar un espacio que antes no se utilizaba y al que se ha dado varios fines, como del archivo del Obispado.
Las obras continúan ahora en el edificio del Seminario San Pelagio, en la calle Amador de los Ríos, y que desde los años 80 hasta ahora venía funcionando como Palacio Episcopal. Ahora dividirá su espacio entre las dependencias de la institución destinada a la formación de los futuros presbíteros y las de la Casa Sacerdotal.
La reforma fue una decisión del obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, que ante el deterioro del Palacio Episcopal optó por unas obras que además de conservar y actuar en las partes más dañadas le devolvieron su condición primitiva, tras varias décadas en que las dependencias del gobierno de la diócesis se habían trasladado a la calle Amador de los Ríos.
La siguiente fase, la tercera, de las obras del Palacio Episcopal, será la que suponga la construcción del nuevo Museo Diocesano, que ocupará un nuevo espacio y tendrá una nueva dimensión. Su lugar será un amplio patio que hasta ahora no tiene ningún uso y que recae tanto a la calle Torrijos como a Amador de los Ríos, a las que abre sendas puertas.
El Museo Diocesano se situará en la galería exterior del patio y en un edificio anexo que se construirá en el interior, y que ya cuenta con informes favorables. Ello también implicará una actuación en el patio, que al día de hoy sirve de aparcamiento.
El concepto del Museo Diocesano también cambiará, según su directora. María José Muñoz explicó que no se ceñirá, según la idea tradicional, a la exhibición de fondos y colecciones artísticas, aunque también tendrán cabida a lo largo de sus salas y galerías. Amplias muestras de escultura y de pintura sacra, retablos y objetos llegados de iglesias y conventos de la diócesis ocuparán parte de las salas, aunque no serán el contenido principal, o al menos no el contenido único.
La intención es que se convierta en una especie de Centro de Interpretación de la Catedral, «para que los visitantes conozcan que el edificio que antes fue una mezquita ahora es un templo cristiano». La diócesis tiene «in mente» que los visitantes del Museo Diocesano se encuentren con «la identidad cristiana» de Córdoba, que a su juicio queda un poco solapada por la presencia de la Mezquita, donde su carácter de antiguo templo musulmán suele eclipsar a lo cristiano.
Para esta última fase no hay plazos, porque dependerá de la opinión del nuevo obispo y de si decide seguir adelante con el proyecto. Una vez que tome posesión y conozca los planes de su antecesor para el Museo Diocesano, se sabrá si continúa con su misma idea.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

La Junta inscribe el convento de Santa Cruz en el catálogo del patrimonio

La Consejería de Cultura, a través de la Dirección General de Bienes Culturales, inició ayer con la firma de la resolución el procedimiento para la inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (Cgpha) como Bien de Interés Cultural (BIC), con la tipología de Monumento, del convento de Santa Cruz de Córdoba.
Según informó la Junta en un comunicado, el inmueble, que ubicado en el centro histórico de la ciudad está ocupado por clarisas franciscanas, data del siglo XV y constituye por su valor patrimonial y contenido social un ejemplo singular de la arquitectura conventual cordobesa.
El convento de Santa Cruz fue fundado por Pedro de los Ríos y su esposa Teresa Zurita a mediados del siglo XV, aunque con los años fueron ampliando el proyecto original. El inmueble cuenta con una serie de espacios de gran interés, que destacan por su originalidad y su configuración, como son el claustro principal, la iglesia, el palacio-conventual o casa de las novicias del siglo XVIII, la casa barroca también del siglo XVIII, el patio del torno, la casa mudéjar o la casa del patio de Triana.
El convento está integrado así por un conjunto de casas y edificios en los que se combinan e integran perfectamente elementos romanos, musulmanes, mudéjares y barrocos, a través de los cuales se puede apreciar la riqueza artística de este inmueble.
INTERIOR DEL CONVENTO Del interior del convento cabe señalar además de una serie de interesantes elementos arquitectónicos y artísticos, la azulejería y el conjunto de retablos. De estos últimos sobresale el retablo de Belén, compuesto por once cobres flamencos y en el que se ubica una magnífica talla de la Virgen de Belén, del siglo XVIII y de autor anónimo aunque relacionada con el círculo del escultor Benito Hita del Castillo.
Los cobres de este retablo, que siguen los modelos de Rubens, representan imágenes de la vida de Cristo como la epifanía, el bautismo, la multiplicación de los panes y peces, las bodas de Caná, la cena en casa de Lázaro, el descendimiento o el santo entierro.
Además de los retablos y la azulejería, de la que se puede apreciar un buen ejemplo en el zócalo de la iglesia, con motivos vegetales azules y blancos del siglo XVIII, se incluirán en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como integrantes de este BIC, un total de 42 bienes muebles del convento, los cuales están distribuidos por la iglesia y las capillas del Sacramento y de Nuestra Señora de Belén, así como en algunos patios del cenobio. Entre estos bienes muebles se encuentran el retrato de doña Teresa de Zurita y la aparición de la Virgen a San Francisco.

martes, 1 de septiembre de 2009

Imagen de San Agustin atribuida a Juan de Mesa (ABC)

La restauración de la iglesia de San Agustín, ya a punto de terminar, no sólo está suponiendo la recuperación de la arquitectura y de la ornamentación barroca del templo. También está deparando algunas sorpresas y hallazgos en la imaginería. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía acaba de restaurar una imagen de San Agustín, titular del templo, que por sus características se atribuirá al cordobés Juan de Mesa, uno de los mayores escultores del barroco español.
Según explicó la restauradora Marina Ruiz, la imagen no se había expuesto al culto en las últimas décadas. Los padres dominicos la tenían en el convento y su estado era muy precario. Presentaba levantamientos y ampollas como consecuencia del incendio que la iglesia sufrió en 1936, al comienzo de la Guerra Civil.
Los técnicos comprobaron que era una talla de vestir y optaron por restaurar las partes visibles, es decir, cabeza, pies y manos, que habían perdido varias falanges que ahora se han tenido que reconstruir. Las zonas perdidas del cuerpo y de los brazos se han repuesto, aunque no están a la vista.
La restauradora Ana Infante, que se ha ocupado de este trabajo, explicó que se conservaba sin repintes la policromía original de la talla. Durante los trabajos se comprobó que los rasgos de la imagen son similares a los de otras obras de Juan de Mesa, especialmente al San Ramón Nonato que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. «La forma de las orejas, tan realistas; los pies, los bucles del pelo y la barba son muy típicos de Juan de Mesa», detalló Ana Infante, que insistió en que la talla «merece estudiarse por su gran valor». De hecho, la restauradora Marina Ruiz insiste en que por el momento no hay una atribución, «sino una hipótesis» de que pueda ser obra de Juan de Mesa.
Esta hipótesis enlaza a la imagen con el grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias, obra póstuma del autor, y que tenía como destino precisamente la iglesia de San Agustín, donde su hermandad residió hasta 1961. «Puede que se encargaran de forma simultánea», afirma, aunque también recuerda que no hay evidencia documental que lo confirme.
En el testamento de Juan de Mesa, firmado el 26 de noviembre de 1627, se habla, entre otras obras, de la Virgen de las Angustias, a la que quedaban tres días de trabajo, pero no de este San Agustín.
La autoría de esta talla y el nombre de Juan de Mesa se unen a través de la figura de Fray Pedro de Góngora y Angulo, un agustino cordobés que fue superior del templo antes y después de ser provincial de la orden en Sevilla. Allí conoció la obra de Juan de Mesa y actuó como enlace entre el escultor y la hermandad de las Angustias, hasta el punto de que fue él quien encargó las imágenes y entregó al escultor 500 reales a cuenta para que empezase a trabajar.
La renovación de la iglesia
Fray Pedro de Góngora fue además uno de los responsables del programa iconográfico en la ornamentación de San Agustín, que se realizaba en aquellos años, y por eso resulta probable que también le encargase esta obra para un templo que entonces se estaba renovando.
La imagen mira hacia arriba en actitud espiritual y se ha vestido con el hábito negro de los frailes agustinos, aunque Ana Infante opina que por la posición de las manos y por la forma en que está hecha la cabeza bien pudo estar pensada para que San Agustín apareciese como obispo, con un libro en la mano izquierda (en cuya palma presenta un pequeño agujero), el báculo en la derecha y tocado con mitra.
A partir de ahora se colocará en el que según todos los indicios fue su lugar original: una de las hornacinas centrales del presbiterio de la iglesia, ya que las restauradoras piensan que debió de tener un lugar preminente. Hay documentación gráfica de que estuvo allí formando simetría con una imagen de Santa Mónica, madre de San Agustín y alentadora de su conversión. Esta última talla se perdió y ahora la sustituirá una de Santo Domingo de Guzmán.
La de San Agustín es la tercera imagen de Juan de Mesa en su ciudad natal, junto al grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias y a la imagen del Niño Jesús que la Junta de Andalucía adquirió para mostrarlo en el Museo de Bellas Artes