domingo, 18 de mayo de 2008

La restauración de la Calahorra deja al descubierto nuevos hallazgos (noticia Diario Cordoba)

La restauración de la Calahorra afronta su última fase. Los trabajos que inició Freyssinet en enero del 2007 están dejando al descubierto varios elementos que aportan nuevos datos sobre sus etapas históricas, que aparecerán más realzadas en su cuerpo. La principal novedad que notará quien contemple la fachada principal de la torre del siglo XIV cuando esté libre de andamios y de las pinturas de Gordillo será la fisonomía de la puerta islámica, que es el origen de esta edificación defensiva que ha sufrido múltiples transformaciones y añadidos a lo largo del tiempo. Eso será después del verano.
El arquitecto que dirige la restauración, Juan Cuenca, ha explicado que la diferencia estará en que antes "se adivinaba lo que era la puerta islámica, pero ahora veremos su contorno y se quedarán perfectamente señalados sus límites". Esa será la primera sorpresa que mostrará la edificación cedida a la Fundación Roger Garaudy, que mantiene su interior como museo.
Otra de las novedades es que la Calahorra se quedará con su cubierta primitiva después de haberse eliminado alrededor de 50 centímetros de pavimento colocado a mitad del siglo pasado. Aquí surge una de las múltiples incógnitas que atesora esta atalaya y que estudia Cuenca con un equipo de arqueólogos (Juan Murillo y Elena Castro) y un profesor de la Universidad de Córdoba (Alberto León). "No sabemos de qué época es --señala Cuenca--, pero la impermeabilizaremos y le pondremos un pavimento de madera más alto para que sirva de mirador", que se pueda levantar en cualquier momento para estudiarla. Allí se celebrarán actos culturales, aunque de forma restringida.
Fruto del devenir histórico es otro de los elementos que han quedado al descubierto y que el visitante podrá apreciar en la fachada. Se trata de una almena que ahora sobresale incrustada en el cuerpo de la torre al despojarla de las piedras que la tenían aprisionada. El descubrimiento se reproduce en dos lugares más, pero en ellos no se nota la forma piramidal. Otra de las sorpresas ha sido la terraza de la puerta islámica, que estaba a un nivel más bajo, y sus almenas.
En la parte baja de la fachada, en la zona donde está el hueco en el que en otro tiempo hubo un puente levadizo, se va a producir otro de los cambios. El arco apuntado que se restauró a mitad del siglo pasado volverá a recuperar su forma redondeada (que, al parecer, es la original). Según las indicaciones de Cuenca, en un momento histórico de la época cristiana sin determinar se construyó una entreplanta que dividió el enorme vano de la puerta islámica y para acceder a ella se colocó el puente levadizo. Esta era una teoría que ahora se confirma. El arco se retocó para corregir la fractura que provocó el puente. Ahora se rectifica, pero manteniendo la huella para que se vean las diferencias entre las diversas etapas.
Todo no queda ahí. En la zona de los lóbulos, que eran los cuerpos de guardia, surgen saeteras para disparar, que antes permanecían ocultas. Ahora se han restaurado para mostrar la naturaleza defensiva del edificio, que quedará patente en distintas partes de la torre, donde se han hallado más huecos, algunos hechos de forma rudimentaria en épocas posteriores. Su interior, formado por cúpulas de ladrillo, se quedará vacío (estaba lleno de muebles), pero no será visitable.
La intervención ha dejado al descubierto también una pequeña puerta en la barbacana, cuyo origen tampoco está claro. Cuenca se apoya en los archivos municipales, que señalan que el desvío del puente que se hizo durante el mandato de Enrique II era de piedra y se cayó, por lo que ese acceso quedó incomunicado y se habilitó otro.
Todo estos hallazgos forman parte del proceso normal de una restauración, "donde se descubren cosas que no se reflejaban en el proyecto", porque una cosa es lo que se estudia y otra "ver al enfermo de verdad y tocarlo".
Cuenca señala que, en algunos casos, "donde se ha detectado que han desaparecido sillares islámicos, hemos preferido dejar la reparación que se hizo en su tiempo, porque descubrir para ver si hubo sillares o no es peligroso".
Aunque el grueso de la obra ya se ha hecho, aún quedan detalles. El arquitecto asegura que el amasijo de hierros que envuelve a la Calahorra se quitará cuando esté finalizada la parte de la cubierta. Falta también colocar aparatos de aire acondicionado en el segundo y tercer piso. Además, se mejorará el drenaje en el patio de la barbacana para evitar la humedad. También hay que definir el sistema de iluminación, que "tendrá influencia del utilizado en el Puente Romano y en la urbanización del entorno de la Calahorra".
La filosofía de esta intervención es, según su artífice, que "nada es para toda la vida, yo no tengo por qué atajarla de forma brutal, si no hacer una restauración que luego admita repasos y no realizar operaciones irrecuperables", que es lo que, a su juicio, ha ocurrido en otros momentos