
Seguro que el arquitecto Hernán Ruiz II no soñó en el siglo XVI que aquella soberbia construcción, de imponente majestad y de marcado equilibrio renacentista que había concebido para el convento de San Pablo se hubiese de convertir, cuatro siglos y medio después, en escenario de conciertos, exposiciones y representaciones teatrales, pero de haber seguido la difícil historia del edificio no le habría disgustado esta solución.
La sala capitular de San Pablo ya no puede llevar el añadido de inacabada. El Ayuntamiento de Córdoba presentó ayer la obra que la ha transformado en un espacio cultural que acogerá exposiciones, representaciones teatrales y conciertos. Un millón de euros de fondos europeos ha gastado el Consistorio en estos trabajos, cuya parte más espectacular es la construcción de un techado transparente que consigue que el edificio renacentista deje de estar a la intemperie y también la construcción de un nuevo edificio que dará acceso a la sala.
La grieta
El teniente de alcalde de Urbanismo, Andrés Ocaña, explicó que la intervención «respeta la historia del inmueble», ya que las cuatro paredes levantadas en tiempos de Hernán Ruiz II se conservan intactas y los trabajos se han limitado a techarlas. «Incluso se ha conservado una grieta en la pared provocada por el terremoto de Lisboa», relató Ocaña.
El arquitecto que ha dirigido el proyecto, Francisco Gómez, explicó que su filosofía ha sido que todas las decisiones que se han tomado «sean reversibles», y por eso no ha habido obras de albañilería convencional, sino «panelería ligera y desmontable».
Esto afecta a la cubierta, que está totalmente atornillada y que se puede desmontar. Está construida con un acristalamiento doble, laminado al exterior y templado al interior (para evitar roturas) y con una cámara de aire intermedia. Para proteger el interior del efecto invernadero, la cubierta no está sobre el muro, sino que «flota» sobre él. Por eso existe un plano de ventilación entre la coronación del muro y la base de la cubierta que permite aislarla del calor.
El arquitecto insistió en que no se ha querido «interpretar» lo que habría querido su autor para la cubierta. «No nos parecía lógico convertirnos ahora en Hernán Ruiz para terminar unas obras que se quedo inconclusa», resumió Francisco Gómez, que señala a la parte superior de los muros como comienzo del trazado de la bóveda que debió de proyectar el autor y que nunca se hizo realidad.
La otra parte más visible de la intervención es el zócalo de madera de la parte inferior, que tapa el hueco que habrían ocupado las sillas de los frailes si alguna vez hubiera tenido el uso para el que se creó. Estos paneles de madera servirán para las exposiciones y además ocultan las instalaciones eléctricas de la sala.
Tras la zona que corresponde al escenario se han habilitado dos pequeños camerinos que utilizarán los autores que participen en los espectáculos.Se accederá a la sala a través del edificio anexo que se ha construido, y que además tendrá ambigú, recepción y aseos.
El primer teniente de alcalde y delegado de Cultura, Rafael Blanco, explicó que la inauguración de la sala se producirá en el mes de diciembre, cuando en ella se celebre una exposición de la Bienal de Fotografía. En 2009 tendrá más uso, aunque su intención es que se acoja conciertos, recitales de poesía y exposiciones de un nivel alto, según Rafael Blanco. Su aforo será de unas 200 personas.
Su nombre será Sala Orive, ya que será la intención del Ayuntamiento es que se integre en el jardín abierto al público del mismo nombre y que en la actualidad se está acondicionando.
Las obras han tenido que respetar los nidos de cernícalos primilla que se habían establecido en el interior de la sala cuando ésta se encontraba todavía abierta. Ahora se han situado en el exterior mientras que se intentará proteger toda la construcción de la acción de las numerosas palomas que habitan esta zona de la ciudad.
La sala capitular de San Pablo se proyectó a mediados del siglo XVI para el convento de San Pablo, entonces en manos de los frailes dominicos. Nunca se terminó, algo que el arquitecto Francisco Gómez atribuye a la excesiva ambición de la obra. Desde entonces quedó abandonado y sin techo, aunque no sufrió deterioro.
La calidad de su construcción, con muros de 1,90 metros de espesor y 13 de altura, ha hecho que soporte impertérrita el paso del tiempo. Dado que se encontraba en una zona inaccesible, pocos eran quienes conocían la existencia de este edificio que a partir de ahora será, como afirmó Rafael Blanco, «un referente para la cultura en Córdoba».
La sala capitular de San Pablo ya no puede llevar el añadido de inacabada. El Ayuntamiento de Córdoba presentó ayer la obra que la ha transformado en un espacio cultural que acogerá exposiciones, representaciones teatrales y conciertos. Un millón de euros de fondos europeos ha gastado el Consistorio en estos trabajos, cuya parte más espectacular es la construcción de un techado transparente que consigue que el edificio renacentista deje de estar a la intemperie y también la construcción de un nuevo edificio que dará acceso a la sala.
La grieta
El teniente de alcalde de Urbanismo, Andrés Ocaña, explicó que la intervención «respeta la historia del inmueble», ya que las cuatro paredes levantadas en tiempos de Hernán Ruiz II se conservan intactas y los trabajos se han limitado a techarlas. «Incluso se ha conservado una grieta en la pared provocada por el terremoto de Lisboa», relató Ocaña.
El arquitecto que ha dirigido el proyecto, Francisco Gómez, explicó que su filosofía ha sido que todas las decisiones que se han tomado «sean reversibles», y por eso no ha habido obras de albañilería convencional, sino «panelería ligera y desmontable».
Esto afecta a la cubierta, que está totalmente atornillada y que se puede desmontar. Está construida con un acristalamiento doble, laminado al exterior y templado al interior (para evitar roturas) y con una cámara de aire intermedia. Para proteger el interior del efecto invernadero, la cubierta no está sobre el muro, sino que «flota» sobre él. Por eso existe un plano de ventilación entre la coronación del muro y la base de la cubierta que permite aislarla del calor.
El arquitecto insistió en que no se ha querido «interpretar» lo que habría querido su autor para la cubierta. «No nos parecía lógico convertirnos ahora en Hernán Ruiz para terminar unas obras que se quedo inconclusa», resumió Francisco Gómez, que señala a la parte superior de los muros como comienzo del trazado de la bóveda que debió de proyectar el autor y que nunca se hizo realidad.
La otra parte más visible de la intervención es el zócalo de madera de la parte inferior, que tapa el hueco que habrían ocupado las sillas de los frailes si alguna vez hubiera tenido el uso para el que se creó. Estos paneles de madera servirán para las exposiciones y además ocultan las instalaciones eléctricas de la sala.
Tras la zona que corresponde al escenario se han habilitado dos pequeños camerinos que utilizarán los autores que participen en los espectáculos.Se accederá a la sala a través del edificio anexo que se ha construido, y que además tendrá ambigú, recepción y aseos.
El primer teniente de alcalde y delegado de Cultura, Rafael Blanco, explicó que la inauguración de la sala se producirá en el mes de diciembre, cuando en ella se celebre una exposición de la Bienal de Fotografía. En 2009 tendrá más uso, aunque su intención es que se acoja conciertos, recitales de poesía y exposiciones de un nivel alto, según Rafael Blanco. Su aforo será de unas 200 personas.
Su nombre será Sala Orive, ya que será la intención del Ayuntamiento es que se integre en el jardín abierto al público del mismo nombre y que en la actualidad se está acondicionando.
Las obras han tenido que respetar los nidos de cernícalos primilla que se habían establecido en el interior de la sala cuando ésta se encontraba todavía abierta. Ahora se han situado en el exterior mientras que se intentará proteger toda la construcción de la acción de las numerosas palomas que habitan esta zona de la ciudad.
La sala capitular de San Pablo se proyectó a mediados del siglo XVI para el convento de San Pablo, entonces en manos de los frailes dominicos. Nunca se terminó, algo que el arquitecto Francisco Gómez atribuye a la excesiva ambición de la obra. Desde entonces quedó abandonado y sin techo, aunque no sufrió deterioro.
La calidad de su construcción, con muros de 1,90 metros de espesor y 13 de altura, ha hecho que soporte impertérrita el paso del tiempo. Dado que se encontraba en una zona inaccesible, pocos eran quienes conocían la existencia de este edificio que a partir de ahora será, como afirmó Rafael Blanco, «un referente para la cultura en Córdoba».
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