miércoles, 6 de agosto de 2008

El nuevo Paseo de la Ribera (noticia El Día de Córdoba)

Si todo sale como debe, en septiembre deberían empezar las obras de la zona central del Paseo de la Ribera, la milla de oro del patrimonio histórico, un espacio catalogado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Serán unos dos años de obras y casi cinco millones de euros en una intervención que va a suponer severas restricciones en el tráfico de la ciudad. La filosofía de la actuación es más realce a los monumentos, menos coches, más espacio de relación y conformar un contexto único entre el entorno de la Mezquita, la Puerta del Puente, el mirador artificial al río que supone la Ronda de Isasa y el Puente Romano. Éstas son las claves de qué se pretende con un proyecto que va a estar en la mente de los cordobeses cuando estén en un atasco a partir de que vuelvan de las vacaciones.más amplitudUno de los objetivos principales es establecer una alineación definitiva. El hecho de que no se efectuara una intervención integral en la zona causó que la acera norte de la Ribera estuviera constituida por dientes de sierra, trozos de edificios que sobresalían del resto. La intención es acabar con esa imagen desordenada de forma que toda la avenida tenga 20 metros de anchura frente a los 14 que presenta hoy en algunos tramos. Ello obligará a demoler parte de cinco edificaciones una vez que concluya el proceso expropiatorio iniciado. una plataforma única El proyecto, elaborado por el arquitecto Juan Cuenca, acaba con la diferencia de altura entre acerado y calzada. Las normas que impuso el Ayuntamiento para la elaboración de la propuesta abogaban por la separación de ambas zonas mediante elementos físicos, como bolardos. El estudio de detalle tramitado en su día por la Gerencia de Urbanismo deja a las claras qué se quiere para la zona. Aunque el futuro es peatonal, la avenida tendrá una calzada que embocará con el resto de la Ribera, que se urbanizó en los años 90. En total, este espacio tendrá una anchura de seis metros, un carril por sentido. Las obras que realiza la Junta tendrá que dejar preinstalada la pilona que cerrará el tráfico en la zona en un futuro (salvo para los residentes con cochera o los vehículos de servicio). Este punto tendrá que estar preparado para que circulen vehículos a baja velocidad -20 kilómetros por hora- y dispuesto para su uso por los ciclistas.Una gran bajadaSe trata de uno de los elementos más relevantes del proyecto y que van a generar más debate ciudadano cuando esté realizado. El suelo del Paseo de la Ribera será, literalmente, rebajado de forma que, en su punto más bajo, tendrá una altura 87 centímetros por debajo de la que presenta ahora, dejando a salvo el pavimento de canto rodado anterior al actual, de alquitrán. Se trata de una propuesta del autor del proyecto para que la Puerta del Puente recupere su configuración inicial como entrada de la muralla, derribada con la expansión de Córdoba. A partir del puente de Miraflores, la avenida empezará a bajar hasta el encuentro con el Puente Romano y la puerta de la muralla, momento en el que comenzará a elevarse de nuevo hasta la altura actual, en la calle Santa Teresa Jornet. Ahora, la Puerta del Puente se encuentra semienterrada debido a la cota del puente de San Rafael, que obligó a elevar toda la avenida, entonces carretera general. Las actuales escaleras de acceso desaparecerán y se modificarán por una vaguada más suave. En el lado más cercano al Guadalquivir, el actual desnivel será casi suprimido en su totalidad. La diferencia de cota obligará a abrir una calle de nueva creación en la plaza Canónigo Torres Molina con forma de escalinata. Este proyecto contraviene la ordenanza de accesibilidad, que prohíbe rampas superiores al 8%. La aprobación se produce dada la especificidad de la zona.Los efectos Reducir la cota de la Ribera tendrá efectos sobre todo el entorno. Lógicamente, la Junta ha previsto que se efectúen obras en todas las fachadas de la avenida de forma que el encuentro entre la calle y los edificios se realice de forma adecuada. Existe, no obstante, una matización. La Iglesia tendrá que realizar las obras a su costa. Dadas sus dimensiones, las traseras del Seminario se verán sustan cialmente modificadas sin que ahí intervengan los presupuestos públicos. Según el estudio de detalle, la propiedad del monumento tendrá que derribar el actual cerramiento (previo a las obras de construcción del paseo de la Ribera, del siglo XX, parte del cual se encuentra bajo la calle) para sustituirlo por un cierre algo menos opaco a la vista, en el que podrán insertarse elementos vegetales, sin perder el carácter privativo del jardín del Obispado. También se tendrá que actuar, esta vez con fondos públicos, en la parte baja del triunfo de San Rafael. Por allí discurrió la muralla y en la zona se enterraba a todos los ahogados en el Guadalquivir. Existen desavenencias históricas sobre la propiedad de la parcela. el aspecto Las normas genéricas de intervención establecen que, al menos en la zona más cercana a la Mezquita, tendrá que reproducirse el pavimento que circunda la Catedral, esto es, el adoquín de granito de toda la vida. Una curiosidad es que no se podrá colocar una losa de hormigón bajo el pavimento ni ningún elemento que impida la "transpiración del terreno". Este tipo de determinaciones pueden ser alteradas en el caso de que haya que establecer medidas para hacer posible el paso del tranvía por la zona, donde la capacidad portante del suelo es clave.Una nueva manzanaLa intervención del nuevo edificio de visitantes y del Paseo de la Ribera abre la puerta a una renovación completa de la manzana de edificios que antecede al muro de la qibla. Las expropiaciones parciales a desarrollar impiden mantener fachadas completas y, probablemente, la forma actual de los edificios. El Ayuntamiento apuesta directamente por la renovación de estas fincas estableciendo unas normas urbanísticas severas que modifiquen lo que el tiempo ha permitido.Los dos edificios afectados, que conforman la imagen externa de toda la zona, tendrá limitada la altura a 10 metros (tres plantas). Se trata de algo menos de lo que ahora tienen. No es una altura elegida al azar, ya que se ha fijado la elevación de la Puerta del Puente como la referencia para toda la zona. Por encima, no podrá haber nada. Tal es el cuidado que expresan las normas que se obligará a los propietarios a presentar un estudio previo de forma que Urbanismo supervisará el proyecto antes de que se presente. Se obligará a los propietarios a modificar las cumbreras de los edificios, que tendrán que ser de teja cerámica. No se permitirán azoteas transitables, una modalidad que el Plan del Casco pretende desterrar pese a haberse convertido en una constante en la zona Centro. Toda esa rigidez se convierte en libertad de acción en el centro de visitantes que construye la Junta, que se puede acoger a la singularidad de los edificios públicos.

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